22 abril 2011

Estoy en Autoras en la Sombra

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Estoy absolutamente feliz.
Me acabo de dar cuenta que estoy en Autoras en la Sombra.
Mi más grande agradecimiento a las administradoras del lugar por reseñarme en tan magnífico espacio.
Pueden ir a mi perfil haciedo clic aqui, o pueden ver mi libro si visitan este link.
Un saludo y gracias.


SAfe Creative

03 abril 2011

"El Masaje" mi relato en la Revista RED N° 2

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Hoy estoy muy feliz.
La Revista de la Editora Digital me ha concedido el honor de publicar uno de mis relatos cortos, que se llama "El Masaje" (páginas 91 a 96). Los invito a leerlo y a contarme su opinión.
Quiero agradecer a Andrea, Gustavo y Bea por haberme hecho el gratísimo honor de publicar mi relato. Un abrazo a ellos.




SAfe Creative

21 marzo 2011

Encerrados

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Tanny siempre ha detestado a Jeremy: es el primo del hombre que destrozó a su mejor amiga, y muy seguramente es igual de desalmado que él. Sin embargo es tan atractivo que no puede evitar que su cuerpo reaccione de manera vergonzosa ante su cercanía. ¿Qué pasa cuando por accidente quedan encerrados en un cuarto?



—Tanny, antes de irte, ve al cuarto cinco y guardes estas carpetas —dijo Dan, el jefe de Tanny, quien trabajaba archivando documentación en la empresa de importaciones.
—Claro que sí —dijo la joven. No era la primera vez que le pedían que fuera al cuarto más alejado de la empresa para llevar un documento y archivarlo.
Dan dejó el atajo de documentos sobre el escritorio de la chica y se marchó.
Tanny miró el reloj de pared junto a la puerta y notó que era hora de irse. Sin embargo todavía tenía que terminar un párrafo del informe y se dijo que era mejor hacerlo ahora. Además no sabía si el desagradable Jeremy todavía estaba por allí y no quería encontrarlo.
Jeremy, el primo de Jon. Jon, la peor pesadilla de Kim. Kim, su mejor amiga.
Desde niñas habían sido inseparables. Habían crecido juntas, habían estudiado juntas y habían llorado juntas. ¡Y cómo lloraron cuando Jon le había hecho a Kim lo que le hizo! Jon se había presentado como un galante joven y había salido un par de veces con ella antes de proponerle irse a la cama, como ella no había accedido, a la siguiente cita había puesto algo en la bebida y había conseguido de la joven lo que ella no había querido darle. El muy maldito no había hecho sino alardear de ello y Kim, profundamente avergonzada, había sido lo suficientemente tonta como para no denunciarlo.
Tanny había conocido a Jeremy unas semanas antes del incidente y la atracción había sido inmediata, pero con lo que había pasado a su amiga se había dicho que quizás ese hombre fuera igual que su hermano y había dejado de verlo.
De eso habían pasado siete años, y ahora la vida se empeñaba en ponerlo de nuevo en su camino, ahora como el nuevo asesor de Dan, su jefe.
Había sido un verdadero impacto haberlo encontrado allí. El muy cínico la había saludado con la naturalidad de un amigo al que no veía hacía años. Y ella lo había detestado. Seguramente era igual que su primo. Por eso se había mostrado fría, seca y distante.
Bueno, su mente, porque su cuerpo se había comportado como un miserable traidor. En cuanto había visto el magnífico cuerpo alto de tez bronceada y esos ojos de color verde, su pecho había saltado. Y no sólo su pecho. Un calorcillo había corrido a través de su estómago dirigiéndose hacia el centro de su feminidad. La situación se había agravado al escuchar su voz, esa magnífica voz varonil. Su “Hola Tanny” había sido suficiente para hacer que las piernas le temblaran al imaginar esa voz susurrándole palabras ardientes mientras su verga se movía dentro de ella para llevarla al clímax. Lo peor había sido ver esa magnífica sonrisa en los labios juguetones: había querido sentirlos chupar sus pezones.
Tanny sacudió la cabeza desechando esos pensamientos. Miró el reloj de nuevo. Veinte minutos habían pasado desde la hora en la que salía. Apagó el computador y se dijo que debía llevar las carpetas antes de marcharse.
Salió al pasillo y notó que ya no había nadie. Era lógico dada la hora. Avanzó por los corredores corroborando que estaba sola: así que ella tendría que cerrar. Lo extraño era que Dan no se lo hubiera pedido.
Llegó al alejado cuarto y ubicó el archivador para guardar las carpetas. De repente sintió pasos y al girarse lo vio.
—Hola Tanny —dijo Jeremy avanzando hacia ella con una sonrisa. Estaba tan guapo como siempre. No tenía derecho a ser tan perfecto.
Como siempre, su cuerpo reaccionó ante la cercanía. Primero se puso tensa y después sintió latir muy rápido su corazón. Sus piernas se pusieron como gelatina y hasta sus pechos llegó una extraña pesadez.
—Jeremy —dijo ella fingiendo indiferencia y volviendo al archivador—. No sabía que todavía estuvieras aquí.
—Dan me pidió que te trajera esto —dijo acercándose a ella extendiéndole unas carpetas—. Olvidó dártelas antes.
—Déjalas por ahí, en cuanto termine aquí seguiré con esas —aseguró la chica sin mirarlo. Seguro que si se iba y la dejaba en paz ella se recompondría del impacto de ver semejante espécimen.
—Bien —dijo él.
Enseguida se escuchó la puerta que se cerraba. Tanny levantó la vista y notó que no había podido ser Jeremy que estaba todavía cerca de ella y lejos de la puerta.
—¿Qué pasó? —preguntó ella.
—Se cerró la puerta. Seguro fue el viento.
—No, estamos muy alejados de las corrientes —dijo la chica asombrada.
Jeremy se acercó a la puerta y trató de abrirla, pero no se podía: estaba con llave. Sin decir nada, intentó forcejear un poco.
—¿Qué pasa? —dijo ella olvidando lo que estaba haciendo y acercándose a él.
—No abre —aseguró él mostrándole que sus intentos por mover el pomo eran inútiles—. Al parecer nos hemos quedado encerrados.
¿Encerrados? ¿Jeremy y ella?
—No puede ser —dijo ella precipitándose sobre la puerta para forcejear. No obstante fue en vano. Estaban encerrados—. Alguien tiene que sacarnos de aquí. ¡Auxilio! —gritó la joven golpeando la puerta.
—Cálmate —dijo él.
—¡No puede ser! ¡Auxilio! —Tanny continuó golpeando la puerta.
Jeremy entonces la tomó por los brazos y la alejó de la puerta.
—Tranquilízate. ¿Eres claustrofóbica?
Sí, cuando estaba con un hombre extremadamente guapo, pero en el que no se podía confiar.
Jeremy leyó en sus ojos la respuesta correcta.
—¿Es por mí, verdad? —preguntó sujetándola con más fuerza—. No confías en mí por lo de mi primo y tu amiga. Por eso eres tan indiferente conmigo a pesar de la atracción que siempre ha habido entre nosotros.
—No sé de qué me hablas —dijo ella soltándose y alejándose de él.
—Claro que lo sabes —dijo él siguiéndola—. Desde que nos conocimos hubo algo entre los dos. Luego pasó… aquello y te alejaste. Pensé que sólo sería un tiempo, pero jamás te volví a ver hasta ahora. Y estoy seguro de que la atracción sigue.
La reacción de Tanny fue inmediata. Corrió de nuevo hacia la puerta para tratar de forcejear.
—¿A quién le temes, Tanny, a mí o a ti? —preguntó él que estaba a sus espaldas.
Tanny dejó la puerta y se alejó de él nuevamente.
—No sé de qué me hablas —repitió ella.
—Hablo de esto.
En un rápido movimiento, la tomó por la cintura con una mano y por la nuca con la otra para pegarla a su cuerpo. Enseguida su boca bajó hasta la de ella para tomarla en un beso sensual. Los labios masculinos rozaron suavemente los de ella que en un acto reflejo los abrió y permitió la entrada de la cálida y aterciopelada lengua de Jeremy.
Sabía delicioso. Esa boca era tan firme, tan cálida y tan embriagante que su cuerpo no pudo evitar la oleada de placer y excitación. Sus piernas temblaron mientras sus pechos se ponían más pesados y sus pezones se endurecían. Su vientre vibró y su concha comenzó a llenarse de jugos calientes que añoraban más.
Pero era Jeremy. El primo de Jon.
De un empujón se liberó del delicioso ataque y se alejó unos pasos.
—Eres un infeliz. No pierdes oportunidad. Eres igual que él —alegó ella molesta por la reacción de su ser.
En dos segundos, Jeremy llegó hasta ella y volvió a encerrarla entre sus brazos.
—No, no soy como Jon. El hecho de que sea mi primo no significa que seamos iguales.
—Me besaste a la fuerza —atacó ella.
—Nos besamos, tú también respondiste y tu cuerpo reaccionó.
—No es verdad —mintió ella—. No sabes tratar a una mujer.
—¿Eso crees?
Jeremy volvió a besarla, pero esta vez con más pasión. Su lengua ahora llegaba hasta los más lugares más recónditos de la boca de Tanny. Y la excitación fue peor. De nuevo su concha se sintió vacía y anhelante y sus pechos le picaban por las caricias de un hombre. No, de un hombre no, de ese hombre. Sin poder controlarse, Tanny echó los brazos al cuello de Jeremy para pegarse más a él, si es que eso era posible. Entonces las manos del hombre se pasearon por la espalda de ella hasta llegar a sus nalgas y presionarlas para que ella sintiera la verga erecta sobre su vientre.
El beso se hizo más salvaje y con sorpresa, Tanny se oyó jadear. Separó sus labios de los de Jeremy, y sintió que él bajaba su boca por el cuello hasta llegar al escote.
—Suéltame —dijo ella todavía aferrada a él, aprisionándolo entre sus brazos, sintiendo la exquisita boca de él invadir su piel y sus tiernas manos acariciando sus nalgas y sus piernas.
La respuesta de Jeremy fue ahondar las caricias. Sus manos viajaron hasta los pechos para sopesarlos antes de acariciar los pezones que aun bajo la ropa se notaban duros. Las manos ágiles abrieron la blusa y sacaron los pechos del confinamiento del sujetador para adorarlos con plenitud. Primero los acarició con sus manos y después su boca tomó el lugar. Los labios rozaron los duros picos y luego la lengua húmeda los acarició. Posteriormente cerró sus labios sobre uno de ellos para chupar con deleite mientras una mano se hacía cargo del otro pezón.
Eso era demasiado. Los jadeos de Tanny se hicieron más fuertes y de manera casi inconsciente sus caderas comenzaron a mecerse buscando el contacto íntimo.
Jeremy, notando la excitación de Tanny la levantó y la sentó sobre una mesa cuidando de quedar entre las piernas abiertas de la joven. Con un movimiento rápido levantó la falta de la chica y bajó las bragas. Luego la hizo inclinarse hacia atrás y puso el trasero de la joven sobre el filo de la mesa. Su boca volvió a uno de los pechos mientras una de sus manos iba ágil hacia la concha.
Tenny se sentía placenteramente expuesta. Estaba con la ropa desordenada y con sus zonas íntimas delante de los ojos de Jeremy y en vez de sentir vergüenza, le encantaba. No hizo ningún movimiento para cubrirse o alejar las manos de él: estaba ocupada acariciándole la espalda. Sintió los ágiles dedos tentar su candorosa entrepierna para buscar el botón del placer mientras la lengua atacaba con placer a uno de sus pezones. Los dedos rozaron los labios y jugaron con el incipiente vello como evitando el clítoris: si no la tocaba ella misma iba a dirigirlo hacia ese lugar. Y por fin sucedió. Le acarició el botón con dos dedos, amasándolo para después apretarlo un poco. Luego esos dedos bajaron traviesos hacia la abertura que rezumaba jugos. Y sucedió lo mismo: sus dedos evitaron el contacto entreteniéndose con otras zonas, hasta que por fin sucedió: uno de los juguetones dedos entró un poco en la concha.
—Caliente y mojada —dijo con voz pastosa—. Tal y como siempre te soñé, tal y como siempre te quise.
Esas palabras intensificaron el placer de Tanny. Se retorció para hacer que su dedo avanzara, pero él salió.
Cuando el hombre dejó sus pechos, la joven estuvo a punto de suplicarle que volviera, pero no lo hizo al notar que la cabeza de él se dirigía hacia donde hacia unos instantes habían estado sus manos.
Poniendo las piernas de la muchacha sobre sus hombros, Jeremy enterró su cabeza en la entrepierna de Tanny y las sensaciones que ella había sentido se multiplicaron por cien.
Primero la lengua sondeó el clítoris y los labios para después tocar levemente la entrada de la concha. Posteriormente con la boca abarcó toda la raja para chupar con fuerza. Enseguida volvió a pasar la lengua con suavidad para luego volver a succionar.
Tanny necesitaba correrse. Ese hombre la estaba volviendo loca. Sus gemidos eran cada vez más sonoros mientras sus manos sujetaban la cabeza de Jeremy con el absurdo temor de que la fuera a abandonar.
Entonces, él cambió la táctica. Las manos que hasta ahora habían estado acariciando los muslos femeninos entraron en acción. Una de ellas volvió a los abundantes y excitados pechos, mientras la otra se dirigió a la concha para entrar en el juego. La mano que estaba arriba pellizcaba, amasaba y halaba: y la que estaba abajo, también.
Tanny sintió que dos dedos comenzaban a avanzar por la concha mientras la lengua lamía el clítoris. Segundos más tarde, lengua y dedos cambiaron de lugar: ahora era la lengua la que entraba en la concha mientras los dedos estimulaban el botón.
Demasiado para ella.
—Voy a correrme —dijo entre jadeos—. Necesito correrme.
Entonces Jeremy intensificó el tratamiento: más rápido, más duro hasta que el aire se llenó con los gemidos de Tanny quien explotó en el orgasmo más maravilloso de toda su existencia.
Un rato después el cuerpo de Tanny se llenó de una relajante languidez. Notó que el cuerpo de Jeremy, cubría el de ella para besar su cuello y su rostro con besos tiernos. Luego la besó en la boca haciéndole sentir el sabor de sus propios jugos combinados con el sabor de él. El beso fue apasionado mientras las manos de él volvían a acariciar los pechos de ella.
—Eres una hechicera, Tanny —dijo entre dos besos—. ¿Sabes que sólo quería excitarte para demostrarte que sé tratar a una mujer? Pero no pude evitar ir más lejos: en cuanto toqué tu concha supe que tenía que hacerte llegar.
Entonces ella recordó lo que le había dicho. Y recordó quién era él. Jeremy. Había dejado que Jeremy la tocara hasta correrse. ¡Y cómo se había corrido!
¿Y él?
¡Qué egoísta! Había estado tan concentrada en su placer que no se había dado cuenta de que él no se había corrido.
—Jeremy… ¿y tú? No… no…
—No me he corrido —dijo él con voz pastosa.
—¿Acaso…? ¿Tú no…?
Jeremy tomó una mano de la joven y la llevó hasta su pantalón, donde se notaba una caliente erección apenas ocultada por la ropa.
—Jamás te haría nada sin que lo desearas: no me pediste que te penetrara, me pediste correrte y eso hice.
Era increíble: Jeremy había pensado en el placer de ella antes que en el propio. El hombre todavía llenaba de dulces besos su piel mientras ella presionaba su mano contra la verga.
Que estúpida había sido. Él jamás sería como Jon. Podrían ser familia, pero no eran iguales. ¿Y había tenido que pasar siete años lejos de él para saber que así era? ¿Había perdido todo ese tiempo de su vida sin Jeremy por su estúpido miedo?
En ese momento Tanny supo lo que debía hacer.
Empujó con sus manos el pecho de Jeremy para que la dejara levantarse y él se alejó sin oponer resistencia. Ella bajó de la mesa y volvió a echar los brazos al cuello de su hombre para besarlo con pasión mientras las manos desabrocharon la camisa.
—No, Tanny —dijo él tomándola de las muñecas—. No me tientes, no me lleves a creer que puede ser posible.
—Es que puede ser posible —dijo ella liberando sus manos y volviendo a besarlo. Luego acarició el pecho desnudo jugando de tanto en tanto con los pezones. Las manos viajaron posteriormente hacia el pantalón para desabrocharlo y dejar libre la potente verga. Era más grande de lo que había percibido y estaba completamente erecta, coronada con su capullo rojo y brillante. La boca se le hizo agua: nunca había visto una verga tan perfecta.
Sin poder evitarlo, Tanny se arrodilló pasó la lengua por toda su longitud.
—Ah, Tanny… por favor… —gimió el hombre que se tambaleó.
Entonces ella se sintió más audaz e introdujo la punta en su boca para succionarlo mientras una de sus manos lo acariciaba de arriba abajo y su otra mano sopesaba los huevos. Su boca avanzó más e imitó el movimiento arriba abajo sincronizándolo con su mano para brindarle más placer.
—Tanny… por favor… no voy a aguantar mucho.
Ella tampoco. Lamer esa primorosa verga la había excitado más de lo que nunca se había imaginado. Ella lo necesitaba dentro. Se levantó y besó al hombre con pasión mientras con una mano tomaba el pene de él y lo dirigía a su clítoris para frotarlos.
Jeremy entendió lo que la chica quería. La tomó por la cintura y volvió a ponerla sobre la mesa. Mientras ella abría sus piernas para él, el joven dirigió su pene hacia la abertura de la concha y de un solo empujón la penetró hasta el fondo, haciendo que los dos gimieran al unísono.
Durante los siguientes minutos se llevó a cabo un festín de movimientos desenfrenados y placenteros para los amantes. La verga entraba y salía de la concha colmándolos de inmenso deleite mientras sus bocas se fundían en un apasionado beso. Después de unos instantes los dos experimentaron un profundo orgasmo entre gemidos que los derribó sobre la mesa.
Mientras trataba de recuperar el aliento, Tanny sintió que Jeremy besaba suavemente su cuello y su rostro.
—Fue maravilloso. Tú eres maravillosa. No sabes cuánto fantaseé con esto.
Ella también. Sí. Nunca había dejado de gustarle, a pesar de lo que creía de él. Y ahora él le había demostrado que no era como ella lo había creído.
—Perdóname. Jamás debí juzgarte por lo que hizo el malvado de tu primo —dijo ella mirándolo a los ojos—. Soy una imbécil.
—Shh, no digas esas cosas de ti. Es sólo que tenías miedo. Es natural. La culpa fue mía por dejarte ir. Pensé que en un tiempo volveríamos a  vernos, pero te marchaste y nunca supe de ti hasta ahora. Fue una bendición encontrarte de nuevo.
Se dieron un suave beso que demostraba lo que sentían.
—Al volverte a ver me di cuenta de que seguías gustándome. Pero tú no querías ni hablarme —dijo con desánimo.
—Sí quería… A mí me pasó igual: también me gustabas. Aunque mi mente se negaba… no hacía más que desearte… pero jamás me habría acercado a ti de nuevo. Que tonta soy.
—No digas eso, amor, tenías miedo. Pero… espero que eso ya esté superado. Espero que no me alejes de ti nunca más.
Ella sonrió y lo besó demostrándole que no quería separarse de él nuevamente. Había sido un milagro haberse quedado encerrados…
—Jeremy —dijo ella incorporándose un poco—. Nos quedamos encerrados.
—¿Y qué? Gracias a eso estamos juntos —dijo él sin dejarla levantarse—. Mañana alguien vendrá por aquí y nos sacará.
Una duda anidaba en su mente: ¿habría sido suya la idea de quedarse “encerrados”? No podía ofenderlo con esa pregunta llena de desconfianza. No, seguramente no. Ya lo había perdido una vez por pensar lo que no era, no quería que volviera a pasar. No, no volvería a desconfiar de él.
—Tienes razón, pero… ¿qué haremos mientras nos sacan? —dijo ella comenzando a acariciar el pecho de su amante.
Él sonrió y pasó sus manos por las piernas de la joven.
—No lo sé… —dijo pensativo—. Quizás podamos jugar ajedrez.
Ella rió.
—Tengo una mejor idea —dijo ella antes de besarlo con pasión antes de volver a comenzar el juego.
Mientras Tanny y Jeremy se perdían de nuevo en las llamas de la pasión un ligero pensamiento llegó a ellos: que grandioso había sido quedarse encerrados.

FIN

Si quieres el relato en PDF puedes descargarlo haciendo clic en el botón.





SAfe Creative

08 marzo 2011

Feliz Día de la Mujer

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Para todas mis amigas, muy feliz día



SAfe Creative

04 marzo 2011

Estoy en "Novela romántica española: Highlights 2010" del blog de Patricia Sutherland

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Hoy estoy muy feliz.
Aparezco junto con una larga lista de autoras nuevas del 2010 en un artículo del blog de Patricia Sutherland. La entrada se titula "Novela romántica española: Highlights 2010" y habla de las novelistas nuevas del año 2011 y de las que repitieron publicación.
Para alegría mía aparezco allí.
Desde aquí quiero agradecerle a Patricia por su amabilidad al tenerme en cuenta.
Los invito a leer el artículo completo aquí.



28 febrero 2011

Ardiente sesión fotográfica

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Lyzz es una de las modelos más hermosas de la agencia, y Jeff, el fotógrafo más talentoso, siempre la ha deseado. ¿Qué pasará cuando el destino los obligue a trabajar juntos: ella posando sensualmente para un anuncio de un motel y él fotografiándola?

Lizz entró al vestíbulo del lujoso motel Love Paradise y se dio cuenta de que no era un motelucho como mucho otros de la ciudad: no. Este tenía clase, estilo y distinción. Sin duda era un muy buen lugar para tener una aventura.
Pero ella no iba a tener una –no había tenido una en años. Ese no era el motivo por el cual ahora estaba allí.
Caminó sensual y elegante hasta la recepción donde había un hombre de avanzada edad.
—Buenos días —dijo la joven.
El hombre levantó la vista y vio la hermosa joven que estaba frente a él. Era mucho más hermosa que las jóvenes que acostumbraban a caer por allí con sus novios o amantes de turno. Esta era muy hermosa. Alta, con un cabello larguísimo de color caoba, una piel aceitunada seguramente por lo rayos del sol, y un cuerpo para quitar el hipo. El rostro también era excepcionalmente bello. Su bellísimo rostro lucía unos ojos castaños claros alargados de manera exótica. La nariz era respingaba y los labios redondos invitaban al beso.
De repente el hombre la reconoció.
—Lizz Bendek —dijo él—. La modelo. Sí, usted viene a hacer las fotos de la publicidad.
La joven hizo lo mismo que hacía siempre que algún extraño la reconocía en la calle o en el supermercado: sonrió y bajó el rostro en señal de humildad.
—Sí, señor. Soy yo. Quisiera saber si el grupo de la agencia ya llegó. Quedamos de vernos aquí.
—Sí, señorita. Desde muy temprano. En la suite presidencial. Es toda de ustedes, nadie los va a molestar mientras hacen la sesión de fotos. Sin duda tener una publicidad con una modelo tan hermosa y llena de fama como usted hará que este lugar reviente de gente —dijo el hombre mientras le entregaba la tarjeta que abría la puerta de la suite—. Siéntanse como en su casa, y si requieren de algo, sólo pídanlo.
—Muchas gracias —dijo la muchacha tomando la tarjeta.
Mientras la dama se dirigía al elevador, el hombre pensó que ese maldito fotógrafo tendía mucha suerte.

***
A la vez que se dirigía a la suite presidencial. Liz había creído que el lugar era mediocre, pero se veía que no. Era lujoso y elegante. ¿Por qué querrían que una modelo famosa hiciera publicidad? Quizás a pesar de lo bueno que era no tenían muchas visitas: quizás mucha competencia.
Todavía se preguntaba por qué había accedido a hacer unas fotos para un motel. Había participado en muchas campañas publicitarias desde los dieciséis años: jabones, shampoos, cremas hidratantes, cosméticos, ropa interior, trajes de baño. Pero nunca para un motel.
Era cierto que el trabajo no abundaba, más para una modelo que rodeaba los treinta, pero no le iba mal. Quizás había sido la insistencia de Karl, su agente, que prácticamente le había rogado que las hiciera. No sería nada vulgar: unas cuantas fotos en ropa interior y ya. Por eso había aceptado.
Llegó a la suite y abrió con su tarjeta.
—Hola. Ya llegué —dijo indagando, pero al parecer no había nadie. Era extraño, el hombre había dicho que el grupo ya había llegado. Y así debía ser porque junto al sofá de la pequeña sala había una lámpara y notó también otros instrumentos. ¿Dónde estaban?
—Hola, Lizz.
Lizz se giró medio sorprendida y medio enfadada. No podía ser.
—Jeff —dijo con tono enfadado.
—Karl me dijo que me encargara de este trabajo.
El hombre caminó hacia la lámpara y comenzó a calibrarla ignorando a la mujer por completo. Lizz estaba atónita y furiosa. Karl sabía que nunca se había llevado con Jeff. De hecho se odiaban. Odiaba a cualquiera que se creyera más que los demás. Su única experiencia con él le había enseñado que era un maldito perfeccionista que no estaba contento con nada. No dejó de regañarla ni un segundo, de dejarla como una incompetente con el resto del equipo y de hacerla sentir como una estúpida. Había salido tan herida y enfadada que había solicitado a Karl nunca más volver a trabajar con él. Y así había sido hasta ahora. ¿Por qué? Maldición. Y pensar que antes de conocerlo había pensado que era el fotógrafo más atractivo y sexy que tenía la agencia: podría haber pasado por modelo. Sí, lo había deseado como una tonta eclipsada por un hombre guapo y viril: había deseado sus besos y sus caricias.
Pero era mejor no pensar en eso. Confiaba en que la horrible situación de aquella vez no se repitiera; al fin y al cabo habían pasado cuatro años. Quizás el resto del equipo hiciera que se limaran las asperezas y se pudiera trabajar en paz.
—¿Y los otros? —preguntó extrañada al no ver ni oír a nadie más.
—Si por los otros entiendes iluminista, maquilladora y vestuarista, te puedo decir que son inexistentes.
—¿Qué?
—Lo que oyes. Karl quiere poca gente en este trabajo: sólo tú y yo.
No podía ser. Karl no podía hacerle eso. ¿Por qué? Siempre había sido una modelo responsable y profesional.
—Es que eso no puede ser.
—El mismo Karl lo arregló.
Lizz no podía soportarlo. Abrió su bolso, sacó su teléfono móvil y telefoneó a Karl.
—Lizz, ¿cómo va la sesión? —preguntó Karl al otro lado.
—Horrenda. ¿Cómo quieres que vaya si no hay maquilladora ni vestuarista?
—Mira, pequeña. Lo siento, el dueño del hotel no quiere un montón de gente haciendo bulla mientras sus clientes se divierten. Así que sólo estarán Jeff y tú.
—¿Y por qué… por qué…? —preguntó sin ser demasiado evidente sobre su desagrado por su compañero.
—¿Por qué Jeff? Nick y Ben están de viaje. Luz está en otra campaña. Y el mejor de todos es Jeff, si las fotos salen magníficas el dueño del hotel prometió una excelente comisión.
Karl se oía tranquilo y práctico. De hecho así era. Había sesiones que sólo requerían de la modelo y el fotógrafo. Parecía que esta era una de esas veces.
—Oye, pequeña, no te enfades. Ganarás mucho con estas fotos. Trabajarán toda la mañana y todo habrá terminado para el mediodía. Sé buena niña y posa para esas fotos.
¿Tenía otra opción? Ninguna. Tendría que hacer el maldito trabajo.
—No te enfades, un beso —se oyó la voz de Karl ante el silencio de Lizz antes de cortar la comunicación.
La joven guardó el móvil en el bolso y se giró para ver cómo iba Jeff. Estaba observándola con una media sonrisa en su sensual boca, una sonrisa que hizo que Lizz estuviera a punto de soltar el bolso.
—¿Qué te dijo Karl?
—Que trabajaremos toda la mañana.
—Así es. Apúrate a cambiarte. En el baño está la valija con todo lo que debes usar —dijo él señalando una puerta.
Lizz sabía que no tenía escapatoria. Debía hacer esas fotos. Con resignación caminó hacia la puerta que Jeff le había señalado antes. Pero ya no era la misma novata tonta de hacía algunos años. No. Si Jeff la gritaba, ella le demostraría que también podía gritar.
—No te demores —dijo Jeff.
—No me exijas rapidez —dijo ella girándose hacia él furiosa—. No tengo la culpa si no hay vestuarista ni maquilladora.
Jeff sonrió al saberla furiosa. Era hermosa. Sus mejillas se habían puesto rojas ¿serían igual cuando estaba excitada?
—Si quieres puedo ser tu vestuarista y maquillador.
Ese comentario aumentó la furia de Lizz, quien sin decir nada más se giró para entrar al cuarto y cerrar la puerta de un golpe.
Sí, era perfectamente hermosa, se dijo Jeff, mientras observaba el hermoso trasero de Lizz. Tan redondo, tan perfecto que deseó acariciarlo con sus palmas. Su cuerpo era hermoso. Sus pechos redondos
Lizz estaba hermosa y tan deseable como siempre.
La había visto en revistas desde que era una adolescente y desde ese momento la había deseado. Cuatro años antes, había tenido que fotografiarla y había sido tortuoso tener que controlar su cuerpo mientras enfocaba una y otra vez a la mujer que había sido la protagonista de la mayor cantidad de sus fantasías eróticas. La había imaginado desnuda bajo él, pidiéndole que la besara, que lamiera sus pechos mientras la penetraba con renovado fulgor. ¿Cómo se había controlado aquella vez? Gritándola. Desfogando en ella su ira hacia sí mismo. Haciendo que ella lo odiara como lo odiaba ahora. Sí, la había gritado que no era sexy, que esa pose era ridícula, que no era buena modelo: eso se lo había gritado más a sí mismo, tratando de convencerse esas falsas palabras.
Pero cómo le gustaba. En aquella ocasión a duras penas había controlado la erección que había luchado por adueñarse de su verga: había mucha gente, estaba trabajando, además no se conocían muy bien y ella podría pensar que era un maldito pervertido sexual.
Y ahora iba a volver a fotografiarla. Pero estaba vez no habría nadie más: ni iluminista, ni asistente de dirección, ni nada. Solos. Y no sabía si de nuevo podría controlar la erección que lo había rondado desde que ella había llegado. Pero la pregunta era ¿tendría que controlarla?
En le baño había una lucha similar. Lizz había entrado furiosa ante la insinuación de Jeff. Furiosa y excitada.
Por un instante, había imaginado las manos grandes y fuertes recorriendo su piel, quitándole la ropa y había sentido una fuerte punzada de deseo en su vientre: un calor líquido que acechaba su concha y sus pezones.
Sacudió la cabeza como si con eso fuera a sacar la creciente excitación. Tomó la valija. Había siete bolsas: cada una con lo que debía lucir.
Lo primero fue un short casi diminuto y una blusa con un escote muy profundo. Se cambió rápidamente y se maquilló. En cuanto antes terminara con todo, mucho mejor.
Al salir del cuarto vio que Jeff había dispuesto las luces hacia el sofá. Seguramente allí serían las primeras tomas.
—Estoy lista.
Jeff se giró y al verla tan preciosa temió que su verga le rompiera los pantalones por la fuerte erección que se había adueñado de ella. Volvió a girarse para que ella no lo notara mientras trataba de obligar a su cuerpo a comportarse. ¿Cómo hacerlo cuando lo único que quería hacer era ir hasta ella, quitarle el maldito short y penetrarla hasta lo más profundo mientras la oía rogarle que no parara?
—Bien. Siéntate en el sofá. Comenzaremos aquí —dijo Jeff haciendo que su voz pareciera calmada cuando en realidad estaba llena de deseo.
Lizz se acercó y se sentó sensualmente, estirando las larguísimas piernas y apoyando la espalda perezosamente.
—No es un comercial de pantimedias —dijo Jeff—. Es propaganda para un motel. Se supone que debes posar sexy.
Ahí estaba de nuevo el maldito bastardo con sus críticas. ¿Quería que posara sexy? Pues bien.
Sin decir nada, Lizz desabrochó dos botones de su blusa y dejó que los abundantes pechos escaparan de ella casi por completo: lo único que quedaba oculto eran los pezones. Luego se recostó sobre el sofá abriendo un poco las piernas y pasó uno de sus brazos sobre su cabeza.
—¿Así está bien? —preguntó.
¿Que si estaba bien? No, no estaba bien. Estaría bien si en vez de estar en el sofá estuviera en la cama, desnuda, jadeante y con él encima penetrando con su gruesa verga la adorable, cálida y húmeda concha una y otra vez mientras lamía su esbelto cuello y las manos de ella acariciaban su espalda. Eso sí que estaría bien.
Jeff sólo asintió y tomó la cámara. Disparó unos cuantos flashes mientras ella cambiaba de tanto en tanto la pose de la joven cambiaba un poco: moviendo las manos, las piernas, los brazos. Cada vez más sexy, más sensual.
—Cámbiate de ropa —ordenó él al finalizar la primera parte.
Lizz caminó hacia el baño para alivio de Jeff. ¿Se daba cuenta esa mujer de lo preciosa que era? Había luchado hasta el límite contra su erección y lo estaba logrando, pero ¿Por cuánto tiempo más?
Ella no se sentía diferente. Su cuerpo había posado sexy muchas veces, pero esta vez era diferente. Era como si estuviera posando para él. Era como si sólo sus ojos fueran a verla. ¡Mira de lo que te perdiste! Parecía haberle gritado con cada nueva postura. Y con ello sólo se había hecho daño a sí misma porque se había excitado. El saberlo a él frente a ella, viéndola casi desnuda había hecho que la calidez se apoderara de su concha, que había comenzado a acumular jugos.
Abrió otra bolsa de vestuario, tratando de alejar de su mente y de su cuerpo la sensación de deseo. Era un traje parecido al anterior, sólo que en vez de blusa, era un top ajustado que resaltaba sus pechos.
Ahora Jeff había puesto una silla en medio de la salita.
—Vas a jugar con la silla como si fuera tu amante —dijo Jeff.
Así que de eso se trataba: seducir a una silla. Y lo hizo. Lizz se sentó en ella de varias maneras, resaltando sus pechos, sus piernas, su cabello. En realidad quería seducir al fotógrafo, no a una estúpida silla.
Y lo estaba logrando. Las constantes punzadas que sentía en el pene le estaban haciendo perder la calma.
—¿Esa es tu idea de sexy? —preguntó Jeff—. Necesito más expresividad en el rostro.
Lizz se enfadó y trató de seducirlo ahora con el rostro.
—Tu boca, hay un problema con tu boca —dijo Jeff.
—¿Qué pasa con mi boca según tú?
—Le falta deseo, le falta expresión. Quiero que luzca como si un amante acabara de besarte apasionadamente.
Lizz se levantó furiosa.
—Pues eso va a ser imposible.
Jeff se acercó a ella.
—No lo creo —dijo antes de tomarla por la cintura, pegarla a su pecho y asaltar su adorable boca con un beso.
Fue arrollador. Los labios de Jeff se adhirieron a los de Lizz mientras la lengua masculina invadía la suave y caliente cavidad. La lengua de ella lo había recibido encantada y había comenzado una danza de placer salvaje. Se acariciaron se lamieron, se succionaron mientras las manos se unían al festín: él la tomó por las nalgas y las acarició mientras la presionaba contra la erección que ya no quería ocultar, a la vez que  ella acarició el musculoso pecho. Lizz estaba completamente excitada: sus pezones se habían endurecido y su concha ahora estaba inundada de humedad anhelante.
Pero tan pronto como había comenzado, había acabado. Jeff la soltó y se alejó.
—Creo que ya está solucionado.
En un segundo, Lizz despertó del ensueño. “Eres una idiota, ¿en realidad creías que te deseaba?” se regañó. Él sólo quería hacer que sus labios lucieran distintos para las fotos.
Pero Lizz se equivocaba. Jeff la había soltado porque sabía que el siguiente paso era arrancarle la poca ropa que llevaba y violarla. Si bien era cierto que la había sentido responder y estremecerse, no sabía si había sido la sorpresa o la rabia. Y no quería averiguarlo. Así que se concentró en fotografiarla. Estaba bella: sonrosada, su piel parecía brillar y quiso tomarla en sus brazos de nuevo, pero se contuvo, así como trataba de contener su verga para que no se saliera de entre sus pantalones.
Después de unas cuantas fotos, Lizz había vuelto para cambiarse de ropa. Esta vez había escogido un pijama de satén color rojo. El escenario ahora era la cama. Se acostó en ella mientras él se acercaba con su cámara.
—Debe parecer que quieres sexo, Lizz. Recuerda a qué viene la gente a un motel.
¿Acaso no parecía ya?
—Lo que quiero es terminar con esto —dijo ella apoyándose en los codos.
—Entonces, coopera. Tócate los pezones —dijo él.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Tócate los pezones, deben resaltar sobre la tela. Eso indicará que quieres sexo.
¿Tocarse los pezones? ¿Frente a Jeff?
Sin dudarlo, volvió a acostarse mientras sus manos se apoyaban en sus pechos y comenzaba a masajearlos.
—Sí, así, eso es —decía Jeff mientras ella se masajeaba con suavidad. Sin poderlo resistir más, Jeff se sentó junto a ella y le apartó las manos para tomar él su lugar.
Lizz dejó escapar un gemido de placer cuando sintió las fuertes manos que cubrían sus pechos. Los masajeó con suavidad y a la vez firmeza mientras Lizz agitaba las piernas tratando de rozarse en su parte más femenina. Jeff lo notó y entonces bajo una mano para acariciar una sensual pierna desde la rodilla subiendo por le muslo. Lo siguiente que sintió Lizz fue la boca de Jeff sobre la tela que cubría uno de sus pezones y la mano de Jeff a pocos centímetros de la entrada de su concha.
Y todo acabó.
Jeff se levantó y tomó la cámara, haciéndole creer a Lizz que sólo había sido para las fotos, aunque la realidad era otra: no aguantaría más sin follarla.
De nuevo ella posó mientras él disparaba la cámara una y otra vez. Ella sentía vergüenza y rabia: ese hombre estaba jugando con ella. La seducía sin seducirla. Así que cuando tuvo que cambiarse, se dijo que esa vez sería distinto. Sería ella quien lo dejara caliente. Se burlaría de él como él se estaba burlando de ella.
Eligió el conjunto de la última bolsa. Un tanga y un sujetador de blonda negra, casi transparente. El escenario sería la cama de nuevo. Se acostó.
—¿Y ahora qué Jeff? ¿Crees que debo parecer excitada? ¿O debo lucir como si acabara de tener un orgasmo?
Jeff notó sorprendido que Lizz llevaba una de sus manos hacia su concha y otra hacia sus pechos y comenzaba a acariciarse. Eso era demasiado para él. La verga le dolía demasiado por el confinamiento y por la insistente lucha entre su mente y su cuerpo. Sin poder evitarlo, caminó hacia la cama y se sentó en ella junto a la joven que jadeaba y se tocaba frente a sus ojos. Entonces, una de sus manos se unió a la de ella, a la que acariciaba el clítoris. Sintió la tela húmeda por los jugos de la muchacha. Apartó la delgada tela, introdujo sus dedos y sintió la piel caliente y mojada.
Lizz gimió y se agitó. Ya no podía más. Dejó de tocarse la concha; Jeff ya lo hacía por ella. Con esa mano, acarició el muslo fuerte del hombre y llegó hasta la dureza que tensaba el pantalón. Lo desabrochó y sacó la enorme verga de su prisión. Jamás se hubiera imaginado que fuera tan grande y tan apetitosa. Era larga, gruesa, coronada por un capullo rojo y húmedo. Se le hizo la boca agua por el deseo de lamerlo, chuparlo, pero se limitó a acariciarlo de arriba abajo y de abajo arriba, sintiendo las pulsaciones de deseo y la vibración.
Los dedos inquietos de Jeff ya habían apartado el tanga por completo y ahora jugaban con plena libertad con la concha mojada. Mientras el dedo pulgar rozaba sensualmente el clítoris, los dedos índice y corazón se introducían en la aterciopelada suavidad. Estaba estrecha, caliente, suave, húmeda. Añoró que fuera su pene el que entrara en esa concha y no sus dedos. Pero a la vez su pene recibía las deliciosas caricias de esa mujer.
Lizz gemía más fuerte a la vez que iba llegando al clímax. Se suponía que iba a detenerlo pronto, a dejarlo como él la había dejado ya dos veces, pero no podía: esto era mucho más fuerte que ella. Los dedos de Jeff se iban encargando de eso mientras que ella se excitaba acariciando el pene que deseaba sentir dentro.
—Jeff… más duro, más rápido —rogó.
El hombre no se hizo esperar. Aceleró los movimientos de su mano hasta que sintió que la cueva apretaba sus dedos y los llevaba de más jugos. Lizz gimió su orgasmo mientras su cuerpo se estremecía. Sintió que Jeff se acostaba junto a ella. Sintió la piel caliente de ese hombre contra la de ella. ¿Cuándo se había desvestido?
Se besaron con pasión, mientras Jeff la despojaba de lo que quedaba de ropa. Aunque acababa de tener un espectacular orgasmo, Lizz se había excitado de nuevo al notar la desnudez de Jeff.
—No sabes cuánto he soñado con esto —dijo él con voz ronca mientras lamía el cuello femenino—. Cuantos años soñando con besar tu boca, lamer tu piel, tocar tu hermoso cuerpo, hundirme en ti.
Para Lizz era maravilloso escuchar eso. Ella también lo había deseado, mucho. Las dulces palabras y la sensación de su cuerpo grande y desnudo sobre ella era lo mejor que había tenido en años. Pasó sus manos sobre ese cuerpo magnífico. Músculos poderosos recubiertos por piel sudorosa y caliente. Tocó la espalda y bajó hasta acariciar las poderosas nalgas redondas.
—Me vas a matar —dijo él—. Si me sigues acariciando así, no podré aguantar más.
—No aguantes más —dijo ella.
Y no lo hizo. Con un movimiento rápido enterró la gruesa y poderosa verga en la concha caliente y anhelante.
Lizz gimió al sentirlo dentro de ella. Era enorme. Sintió cómo los músculos de su vagina se iban distendiendo para acomodarlo dentro.
—¿Estás bien? ¿Te hice daño? —preguntó él preocupado.
—Estoy bien —dijo ella.
—Eres tan estrecha. Siento como mi polla separa las paredes de tu coño, como me aprietas con tus músculos cálidos.
—Eres muy grande —dijo ella antes de besarlo y comenzar a mecerse bajo él, señalando que estaba lista para el juego de la pasión.
Jeff no se hizo esperar. Sacó su verga casi por completo para después enterrarla de nuevo en ella con un movimiento lento, tan lento que estuvo a punto de hacerlos acabar a los dos. Después, volvió a sacar el pene para entrar con un movimiento fuerte y rápido. Repitió esto varias veces: una vez lento, otra rápido.
—Jeff… por favor… necesito llegar… —dijo ella interrumpiendo un beso.
—Hazlo, Lizz, córrete para mí.
Los movimientos de Jeff se hicieron más rápidos hasta que sintió las convulsiones de los músculos internos de la concha de Lizz. Las paredes internas se apretaban sobre su verga haciéndole sentir el enérgico orgasmo de su mujer. Y no pudo aguantar más. También él tuvo su clímax, el mejor que había tenido en años, ¿o el mejor de su vida?
Lizz estaba en una nube de felicidad. ¿Cuándo fue la última vez que había tenido un orgasmo? Mucho. ¿Y cuándo un orgasmo así? Nunca. Su cuerpo, ahora lánguido, estaba amodorrado, disfrutando de las pequeñas réplicas que invadían su concha que todavía sujetaba el pene de Jeff. Sintió unos pequeños besos sobre su cuello y su mejilla. Jeff la estaba mimando. Como si fueran amantes, como si se quisieran. Él ahora era tierno, como un novio enamorado que acaricia a su novia después del amor.
—Jeff…
—Shhh no hables. No lo estropeemos.
Era verdad. Cuando hablaban lo estropeaban todo. Pero ¿qué pasaría ahora? ¿Volverían a la enemistad que habían iniciado hacia cuatro años? No, no después de lo que había pasado.
—Sí, Jeff. Tenemos que hablar.
Jeff tenía miedo. Seguramente ella le diría que había sido un error, que no lo quería, que no lo deseaba y que todo había sido producto del calor del momento.
—No fue un error ¿sabes? —comenzó Jeff airado—. Si para ti lo fue, lo respeto, pero no lo fue para mí. Deseé esto durante años, quise que esto pasara y pasó.
Lizz lo miró a los ojos.
—¿Por qué?
—Porque te deseo, ya lo dije.
—No… por qué piensas que para mí fue un error.
Jeff se separó de ella y comenzó a vestirse.
—Porque eres la mujer más hermosa y perfecta del mundo. ¿Cómo puede no ser un error terminar en la cama con un vulgar fotógrafo?
Lizz sonrió, pero él no pudo verla porque estaba de espaldas a ella. Así que ese arrogante pensaba que era la mujer más hermosa y perfecta del mundo. ¿Y él un vulgar fotógrafo?
Caminó hacia él y lo abrazó por la espalda.
—No creo que seas un vulgar fotógrafo. Más bien eres un fotógrafo sexy, guapo, decidido, orgulloso y magnífico amante.
El cuerpo de Jeff se puso tenso y se liberó del abrazo de Lizz.
—No entiendes —dijo él—. No se trata de in revolcón.
Jeff se giró hacia ella. Estaba desnuda y hermosa, quería tomarla en sus brazos y hacerle el amor de nuevo, pero no sin decirle lo que sentía.
—Te amo. Estoy enamorado de ti. Sé que suena ridículo e increíble, pero te amé desde aquel día en que te grité todo el tiempo. Te decía que no eras sexy, ni bella, porque quería convencerme a mí mismo de eso, me tenías medio loco. Lo de ahora fue fantástico… pero…
—¿Pero qué?
—No me amas.
—¿Ya me lo preguntaste? ¿Qué sabes tú de lo que siento? ¿Qué sabes del dolor que sentí hace tantos años cuando me gritaste?  ¿Qué sabes de lo sola que me hiciste sentir hoy cuando me besaste y después cuando me tocaste los pechos? Yo no sé si te amo. Sólo sé que te deseo a ti, a tus besos, a tus caricias, que quiero estar contigo y que quiero que me hagas el amor.
Jeff la abrazó. ¿Podría haber algo entre ellos?
—Te quiero —dijo ella—. Tonto, te quiero. ¿Por qué crees que no he tenido novio desde hace cuatro años? Porque no dejo de pensar en el cretino que me humilló.
Jeff la beso. Esta vez con ternura. Caminaron hacia la cama y se dejaron caer.
—Tan grandote y tan inseguro —dijo ella sonriendo.
Él también sonrió.
—Me da miedo.
—La vida es de retos. Anda, sé mi novio.
Jeff rió.
—Se supone que el que lo debe pedir soy yo.
—Pero ya que andas tan indeciso…
Volvieron a besarse y a excitarse. Habían hecho el amor, se suponía que el deseo debía haber desaparecido, pero no fue así. Si al caso se multiplicó.
—¿Y las fotos? —preguntó Lizz
—Mmmm que esperen. Ahora hay algo mucho más importante.
—¿Y qué le diremos a Karl?
—Que necesitamos más tiempo para hacerlas.
Lizz rió.
—¿Cuánto más tiempo?
—No lo sé… quizás cuarenta o cincuenta… años…
Ella rió.
No sabía si Jeff hablaba enserio, pero valía la pena intentarlo.


FIN

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SAfe Creative

23 febrero 2011

Revista de Editora Digital - RED

2 comentarios
Les presento la Revista de Editora Digital - RED.
Nuestra magnífica Editora Digital ha tenido la grandiosa iniciativa de elaborar una revista de publicación bimensual en la que podremos conocer un poco más sobre las publicaciones de esta editorial (libros, autores, entrevistas, etc.).
Las secciones son múltiples y variadas, y todas son geniales.
En este primer número tuve el gratísimo honor de escribir un momento romántico, como parte del especial de San Valentín Este especial está entre las páginas 21 a la 28 (mi escrito está en la página 25).
Quiero dar las gracias a Bea, Andrea y Gustavo por esta magnífica iniciativa, y también por invitarme a participar en ella.





12 febrero 2011

En la Revista RomanTicaS

2 comentarios
Con gusto veo que se hace publicidad a mi novela Soberbiamente Apasionado como novedad de Editora Digital en la Revista RomanTicaS de este bimestre.
Muchas gracias a quienes lo hicieron posible.






24 enero 2011

Tan Hermosa como Siempre

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¿Qué sucede cuando dos almas que ardieron juntas se reencuentran en una fiesta y se dan cuenta de que la llama de la pasión sigue tan intacta como el primer día?



―Tan hermosa como siempre.
La sexy voz de barítono de Joel hizo que los sentidos de Lynn se agudizaran y se pusieran atentos… y algo más. Esa voz siempre la había excitado. Su concha vibró con la conocida sensación cálida mientras se giraba para ver a su imprevisto interlocutor.
Hacía mucho que no lo veía, demasiado tiempo. Quizás por eso le pareció más varonil y atractivo que nunca. Tenía un traje elegante negro que contrastaba perfectamente con su camisa y corbata blancas: esa combinación siempre hizo que la piel aceitunada se viera mucho más sensual de lo que ya era. Su cuerpo también se veía mucho más fuerte y vigoroso, casi tan espléndido como cuando estaba desnudo y su musculatura se marcaba bajo la piel brillante por el sudor. Su cabello negro como la noche estaba perfectamente peinado y sus ojos negros parecían querer escrutar hasta el fondo de su alma. Su sonrisa blanca y perfecta la hizo temblar. Le sonreía como antes, como cuando tenía ganas de hacerle el amor. Ante ese pensamiento, Lynn sintió cómo el calorcillo vibrante que se había concentrado en su concha se hacía más fuerte y que a él se unía la sensación de pesadez en sus senos y una punzada de ardor en sus pezones.
“Piensa en otra cosa, Lynn” se regañó.
—Hola, Joel. No esperaba verte esta noche —dijo ella con una sonrisa tratando de evitar que el hombre notara las emociones que sentía al verlo de nuevo.
Joel sonrió. Él sí que esperaba verla. De hecho estaba allí por ella.
Y al admirar su espléndida belleza no se arrepintió de haber asistido a la fiesta. Esa mujer estaba preciosa. Tan hermosa como siempre. Sus rizos rojizos caían en cascada sobre sus hombros, acariciando la desnudez de ellos. El largo vestido de terciopelo rojo no tenía tirantes, se sostenía de los abundantes pechos de la mujer, unos pechos que eran blancos y suaves, coronados por unos pezones grandes y rosados, según recordaba.  La tela caía pegándose a su plano vientre y abrazando la cintura estrecha y las caderas anchas, evocándole el precioso y curvilíneo cuerpo. Le pareció que fue ayer la última vez que ese cuerpo yacía bajo él contorsionándose de placer al sentirse penetrada una y otra vez, poseída de deseo y deleite, rogándole que no parara, que continuara. Aunque se había prometido controlarse, Joel no pudo evitar el despertar de su polla que comenzó a erguirse ante los recuerdos y la presencia de la preciosa dama frente a él.
—¿Y por qué no? Trabajamos en la misma empresa, creo que es normal que nos encontremos en la fiesta de fin de año, ¿no crees? —preguntó él acercándose un poco más a ella.
Lynn hizo un gesto de duda con la boca antes de responder.
—Jamás te han  gustado estos eventos.
—Quizás es que con la edad estoy cambiando —dijo él sonriendo. Luego, le acarició el cuerpo con la mirada—. No a todos la edad nos favorece.
Ella rió.
—¿Qué es eso de “la edad”? ¿Insinúas que estoy vieja?
—En absoluto. Estás un poco cambiada, más madura diría yo, pero vieja no sería un adjetivo que te describiría.
—Gracias por el piropo —dijo ella todavía sonriendo y ladeando la cabeza como siempre que él le decía algo tierno.
—No es piropo, es la verdad. Estás tan hermosa como siempre.
—Y tú adulador, como siempre —respondió ella.
Durante unos instantes se observaron en silencio. Parecía que no había nada qué decir, nada más que hablar. Era como si sólo se necesitara el deleite de los ojos y de los recuerdos de las horas compartidas.
—No te he visto en mucho tiempo —dijo él por fin—. A pesar de que trabajamos en la misma empresa.
Ella asintió y bajó el rostro algo incómoda.
—He tenido mucho qué hacer. No me queda tiempo para nada más —mintió.
La verdad era que lo estaba evitando.
Desde que se divorciaron tres años atrás, Lynn sólo se había concentrado en algo: tratar de olvidarlo ocupando su vida con el trabajo. Algo que no era difícil siendo jefe del departamento de publicidad de la empresa. Los nuevos proyectos, las campañas y sus colegas eran lo que ocupaba sus horas haciendo que no pensara en él. Lo había logrado… casi. Algunas veces se sorprendía a sí misma preguntándose dónde estaría, con quién saldría, cómo se sentiría ahora.

12 enero 2011

Mi reto personal para este 2011

7 comentarios
Tengo una idea que me he planteado desde finales del año pasado. Es un pensamiento que poco a poco se tornó en una obsesión y que en 2011 quiero convertir en un reto.
Se trata de escribir un relato corto al mes para publicarlo aquí en este blog.
Cualquiera podría pensar que es muy sencillo, pero para mí no será muy fácil porque no tengo mucho tiempo libre para escribir ni para coorregir. Sin embargo,  me lo he propuesto y tengo que lograrlo.
Y espero que ustedes, con los comentarios que introduzcan por cada relato, me ayuden a mejorar y a superar este reto que me he puedo en 2011.
Así que hacia finales de este mes, espero publicar el primer relato del reto. Confío en que lo leerán y men dirán qué les parece.
Nos vemos pronto.



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